¿Cuándo prescribe una deuda?

Tal vez te hayas preguntado alguna vez cuándo prescribe una deuda, pero debes saber que ninguna deuda legal dura para siempre.

Tal vez te hayas preguntado alguna vez cuándo prescribe una deuda, pero debes saber que ninguna deuda legal dura para siempre. Eso quiere decir que en algún momento te podrás librar de la deuda de forma ‘natural’, por así decirlo, aunque no es lo más recomendable y, por supuesto, se deben dar una serie de requisitos para ello.

Ya sabes que, si tienes algún problema con una deuda que no te deja avanzar, en Saldados te ayudamos a resolverla. Sin embargo, y para que tengas un mayor entendimiento de cómo funciona el sistema legal, hoy vamos a responder a una aparente sencilla pregunta: ¿cuándo prescribe una deuda? Es interesante, tanto si tienes una como si podrías correr el riesgo de adquirirla, saber en qué momento ya no es posible reclamar ningún dinero, por qué y qué condiciones se tienen que dar. ¡Vamos a ello!

Cómo y cuándo

Estas son las 2 preguntas clave a la hora de hablar de la prescripción de una deuda, la cual consiste en un período de tiempo que se establece de forma legal para que el acreedor reclame el pago de la deuda que se le debe. Por tanto, y por ley, si ese tiempo pasa y la persona responsable no se ha encargado de gestionar la deuda, esta ‘caduca’, por decirlo de otra forma, y el deudor ya no tiene la obligación de devolver o pagar nada.

Este tiempo es el que nos indicará cuándo prescribe una deuda concreta, ya que no todos los tipos tienen el mismo tiempo. Si la deuda de la que hablamos no tiene un plazo específico de prescripción, el Código Civil Español establece un tiempo de 5 años para la reclamación. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que todo dependerá de la comunidad autónoma en la que realicemos el trámite: cada una cuenta con su propia regulación. Por lo tanto, los plazos podrían variar (en Cataluña, por ejemplo, el mismo es de 3 años).

Normalmente las deudas cobran, ya que el deudor pone empeño y atención en que el proceso vaya adelante, de ahí que la prescripción de la deuda no se suela dar. De todas formas, es necesario conocer las tipologías de deuda y su caducidad:

  • Deudas hipotecarias (prescriben a los 20 años tras la fecha de vencimiento).
  • Deudas de Hacienda (a los 4 años).
  • Deudas a la Seguridad Social (a los 4 años).
  • Deudas con tarjetas de crédito (a los 5 años).
  • Deudas por alquileres de inmuebles (a los 5 años).
  • Deudas por impuestos municipales (a los 4 años).

Es necesario saber que la deuda reconocida por el deudor tiene unos plazos de prescripción distintos y la nueva fecha de cómputo de plazos de prescripción será la del reconocimiento de deuda.

El proceso

Como hemos comentado más arriba, este proceso es legal y, por lo tanto, tiene unos pasos a cumplir y un límite de tiempo al que ajustarse si eres el acreedor y reclamas una deuda. Veamos en más detalle cómo funcionaría en un caso hipotético:

  • Período de prescripción. Lo primero que comienza es la apertura del plazo de prescripción, el cual da pistoletazo de salida en el momento en el que la deuda se vuelve exigible. Pongamos por ejemplo que queremos reclamar una factura; si tiene fecha de vencimiento, su período de prescripción comienza a contar a partir de esa misma fecha.
  • Plazos. Esta información se deberá consultar siempre en el país en el que estemos tramitando la deuda. En el caso de España, los plazos dependen del tipo de la misma y, como hemos comentado, de la comunidad autónoma en la que realicemos el trámite. Consúltalos también para averiguar cuánto tiempo tienes de forma legal.
  • Interrupción. Esta situación se puede dar en varios casos. Si el deudor reconoce la deuda o hace un pago inicial de la cantidad que sea, se reinicia el período a 0. El conteo también se detendrá si el acreedor interpone una demanda legal, una reclamación extrajudicial fehaciente o una demanda judicial para reclamar lo que se le debe.
  • Consecuencias. ¿Qué ocurre cuando ya ha prescrito oficialmente? Que el deudor no tiene porqué pagar la deuda, es decir, no está obligado por ley a ello y, por tanto, el acreedor no puede demandar nada. Eso sí, recordemos que, aunque nos libremos de la obligación, es posible que esa deuda aparezca en registros financieros o informes de crédito durante un período de tiempo aunque no se pueda reclamar. De ahí que lo mejor sea gestionarla de forma adecuada, contando con los servicios de unos profesionales que puedan analizar tu caso y proceder a gestionar la baja de tus datos de los correspondientes Registros
  • Efectos secundarios. Hay que tener en cuenta un factor importante: que por ley no se pueda reclamar una deuda no significa que los acreedores no intenten contactar con el deudor para seguir insistiendo en su pago. En estos casos lo mejor es informar que la deuda ha prescrito ya, demandando que los intentos de cobro terminen. Si la situación va a más, recomendamos contactar con los servicios de un abogado para que te informe sobre cómo proceder en caso de ser necesario.

Cancelar una deuda

Además de saber cuándo prescribe una deuda, también tenemos que comentar que esta se puede cancelar pagando su suma, tanto a través de un pago completo como a plazos. Hay que tener en cuenta que, aunque las deudas prescriben, no es la situación más común, pues la persona a la que se le debe dinero se encargará de traerlo de vuelta. De ahí que siempre sea más recomendable tener un plan B y conocer cuáles son las alternativas a la prescripción de la deuda.

De todas formas, también es importante conocer cómo cancelar una deuda de forma que se acuerden una serie de pagos y condiciones. Este proceso, sin embargo, tiene una serie de pasos básicos a seguir:

  • Evaluación de la situación financiera. Lo primero que deberemos hacer es entender qué es la deuda o deudas, de dónde salen, las cantidades que se le deben a los deudores si son más de 1, los plazos acordados o que se van a acordar, los términos y las condiciones. Este será el camino que deberemos seguir antes de buscar alternativas que signifiquen la cancelación de la deuda. Lo mejor es que, si queremos empezar de 0, lo hagamos de forma que nada quede en duda. 
  • Negociaciones. Es momento de hablar con el acreedor. La mayoría de veces no hay problema en sentarse a hablar para negociar las condiciones que hemos comentado arriba, incluso en el caso de un acuerdo de refinanciación o de quitas parciales. Lo más importante es recordar que es una persona a la que le debemos dinero, por lo que la honestidad, el respeto y la comunicación serán factores clave para poder llegar a un acuerdo que beneficie a las 2 partes.
  • Acuerdo de pago. Pongamos que el paso anterior se ha superado con éxito y que acreedor y deudor han encontrado un punto en común. Será preciso dejar por escrito las condiciones que se han acordado, así como los términos y plazos de pago para evitar conflictos futuros o dudas. El documento deberá recoger la suma total a pagar, los plazos y cualquier otro aspecto clave de la negociación.
  • Pago de la deuda. Ahora simplemente le toca al deudor cumplir con su promesa (y la firma del documento) y comenzar a pagar la deuda tal y como se ha acordado. Si no se hace así el documento que se firmó no tendría ningún sentido y la situación se puede complicar más.
  • Confirmación de la cancelación. La cancelación llegará cuando se hayan realizado todos los pagos acordados y el acreedor tenga todo el dinero que una vez prestó o el que se haya pactado y dejado por escrito en el documento. Recuerda que, una vez tu deuda haya sido eliminada, te recomendamos que obtengas una confirmación de su resolución por escrito del acreedor que dé fe de que la deuda ha sido cancelada completamente.

Mejor no arriesgarse

Sabemos que hay casos en los que sí es posible dejar una deuda sin pagar y, por tanto, conviene saber toda la información posible sobre cuándo prescribe una deuda, pero se trata de un ‘camino’ un tanto peliagudo, que solamente se da con los requisitos que hemos explicado arriba y que puede alargarse mucho en el tiempo.

De ahí que en Saldados nos hayamos especializado en solucionar tu deuda de otra forma: a través de la ley de Segunda Oportunidad. Este método está recogido en la ley aprobada en España en 2015 que ayuda a generar un marco legal que ayude tanto a persona físicas como a autónomos a resolver sus deudas si se encuentran en situación de insolvencia.

Por supuesto, para ello se deben cumplir ciertos requisitos y se tienen que presentar diversos documentos, pero puede ser un salvavidas en una situación en la que una deuda se ha convertido en una pesadilla de la que no sabes salir. La ley de segunda oportunidad requiere seguir unos procedimientos:

– Se valorará la viabilidad del procedimiento judicial en tanto que te encuentres en situación de insolvencia y seas deudor de buena fe.

– Se presentará la demanda judicial en el Juzgado para iniciar el correspondiente procedimiento.

Con la ayuda de equipos de profesionales que sepan aplicarla y guiarte, esta ley puede hacerte comenzar de nuevo sin el cansancio mental y físico que supone llevar una deuda a cuestas. En Saldados estamos muy orgullosos de nuestro equipo, pues ya ha ayudado a muchas personas en un proceso demandante y que requiere en todo momento un asesoramiento legal especializado.

Nuestro proceso es sencillo: una vez te pongas en contacto con nuestro equipo (WhatsApp, teléfono o correo electrónico), nuestros especialistas te harán unas preguntas para entender tu situación y analizar si puedes acogerte a la ley de segunda oportunidad. Recogeremos la documentación necesaria para presentar tu expediente y ¡listo! Eso sí, no creas que vamos a abandonarte: solamente daremos por terminado el proceso cuando obtengas la Exoneración del Pasivo Insatisfecho (EPI) y la eliminación de la deuda.

Escrito por:

cronuts

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