¿Qué significa ser un avalista?

¿Qué significa realmente ser un avalista? Te contamos lo que necesitas saber si alguien te pide que avales su deuda, teniendo en cuenta pros y contras.

Estamos seguros de que las palabras aval o avalar son de ‘dominio público’, por así decirlo. Si no hemos hecho propiamente de avalistas conocemos a alguien que ha sido o que se lo ha pedido a algún familiar o conocido. Sin embargo, cuando nos comprometemos para ello debemos entender muy bien dónde ‘nos estamos metiendo’. Por lo tanto, ¿qué significa ser avalista?

Ser avalista conlleva una serie de responsabilidades que debemos tener en cuenta a la hora de comprometernos como aval. Somos conscientes de que muchas veces lo hacemos por nuestra familia o nuestros amigos, es decir, que nos mueve el cariño que tenemos por ellos. Sin embargo, nunca viene mal una pequeña explicación de todo lo que implica, las funciones que contempla y las consecuencias el propio avalista. ¡Inauguramos esta pequeña guía!

¿Qué es un aval?

Antes que nada, comencemos por explicar qué significa un aval. El término como tal sirve para designar al contrato, es decir, a un documento que sirve como garantía de que, si una persona física o jurídica que ha pedido un préstamo no lo puede pagar, otra (el avalista) lo hará. De esta forma, el prestamista tiene las ‘espaldas cubiertas’ porque, sea como sea, tendrá su dinero de vuelta. Si una persona con una hipoteca no puede pagar ciertos plazos, el avalista tendrá la obligación de pagarla.

Por lo tanto, los elementos que intervienen son 3: el avalado (la persona que pide el préstamos y que se tiene que encargar en primera instancia de la deuda), el beneficiario del aval (la persona que presta el dinero) y el avalista (el titular del aval, que puede ser tanto una entidad financiera como un particular).

El hecho de exigir un aval cuando se va a realizar un préstamo es de lo más común. Ya sean entidades financieras o administraciones públicas las que los concedan, lo mejor es ir con un aval en mente si vamos a adquirir una deuda, ya que lo más normal es que nos lo pidan, incluso en transacciones entre particulares.

También es necesario mencionar que este contrato (el aval) es secundario, es decir, existe enunció de otro, el principal. Si este no se diese, el aval no existiría. Por eso siempre se tiene que presentar de forma expresa; jamás se podrá asumir que el aval existe solo porque tenemos un contrato principal, ya que hay casos en los que este documento secundario no es necesario. Sobre este existen varios tipos:

  • Convencional (el estándar en cualquier contrato privado).
  • Legal o judicial (el aval existe por decisión de un juez o por lo que estipule la Ley).
  • Gratuito (el avalista accede al aval de forma desinteresada).
  • A título oneroso (el avalista accede al aval a cambio de dinero (aval bancario)).

La garantía también se extingue o caduca en determinados casos:

  • La deuda se paga.
  • La condición que tenga la deuda.
  • Se confunden los derechos de  acreedor y deudor.
  • Por compensación.

Existe un caso en el que la deuda no caduca: si el avalista fallece, el aval contraído por este sigue vigente y pasa a sus herederos. De ahí que insistamos desde Saldados en la importancia de barajar bien la decisión de convertirse en avalista y tener un ‘plan B’ si algo sale mal, como puede ser el de la Ley de Segunda Oportunidad para ayudarte a resolver la deuda.

Requisitos

Como siempre, para realizar algún trámite relacionado con dinero y con leyes, se necesitan una serie de requisitos para poder ser avalista. De esta forma el solicitante tendrá más papeletas para que le digan ‘sí’ al préstamos que desea. Veámoslos:

  • Ser mayor de edad. Esta suele ser la condición más básica de todas aunque, sin embargo, es posible que en determinados casos un menor de edad pueda ser aval, pero siempre será la menor probabilidad. El hecho de ser mayor de edad genera un historial crediticio limpio y contrastable, por lo que es posible entender cómo se comporta ese futuro posible avalista con su dinero, lo que nos lleva al siguiente requisito.
  • Solvencia. Por supuesto, la solvencia de la persona determinará en gran manera si es un avalista apto. Se debería comprobar que tiene ingresos superiores a las obligaciones que el solicitante tenga contraídas para soportar la deuda si así fuese necesario. Lo mejor es que no tenga deudas ni otros préstamos en marcha (especialmente hipotecarios). Las condiciones en este punto son bastante exigentes, ya que deberá poseer un historial de crédito igual o mejor al del solicitante principal.
  • Ingresos estables. Relacionado con el punto anterior: no solamente tiene que ser capaz de asumir la deuda, sino que sus ingresos tienen que estar garantizados todo lo que se pueda. Este hecho hace que un pensionista, un funcionario o un empleado de contrato indefinido parta con ventaja frente a otras situaciones.
  • Con propiedades libres de carga. Las propiedades pueden servir en una situación de emergencia para cubrir el capital si no se puede hacer frente a la deuda del solicitante.

Si el futuro avalista cumple con estas condiciones (no tienen porqué ser todas ellas, pero ayudan) es muchísimo más fácil que se apruebe la financiación solicitada. El avalado, por tanto, tendrá más posibilidades de que le concedan el préstamos. Por supuesto, si hubiese algún cambio en la condición del mismo, todas las partes implicadas deberán estar de acuerdo  y expresarlo debidamente.

Riesgos

Estamos en el deber de explicar que, sí, convertirse en avalista puede conllevar una serie de riesgos a tener en cuenta antes de dar el ‘sí’ a cualquier amigo o familiar que nos pida ser su aval. El problema principal del avalista es, como es normal, que el avalado no pague su deuda y le toque asumirla. Es muy importante que el avalista tenga bien clara la duración del aval, pues el contrato no se eliminará hasta que esa deuda no quede saldada.

De ahí que nos toque hablar ahora de la modalidad de aval parcial: se acuerda un porcentaje  o cuantía avalada, por lo que desaparece la figura del avalista. Si se estipula un aval parcial del 80%, aparece este tipo. Si el titular solo debe un 20%, su figura desaparece por completo.

También es necesario mencionar que normalmente los avales son de carácter solidario. Esto hace que el aval pueda dirigir la obligación a otros intervinientes en el contrato, en este caso al avalista o al avalado.

¿Puede un avalista pedir un préstamo? 

Puede darse la ocasión de que hagamos de avalistas cuando no tenemos ninguna otra deuda o ningún proyecto en mente pero, ¿qué ocurriría cuando quisiéramos pedir un préstamo nosotros mismos? ¿Sería viable? Desde un punto de vista completamente legal no habría ningún problema: puedes ser avalista y solicitar un préstamo.

Eso sí, hay que tener en cuenta que es posible que la concesión del mismo se vea afectada por el hecho de estar siendo un aval. El banco al que le estemos solicitando el préstamo puede considerar que ya tenemos una carga financiera demasiado amplia, por lo que puede dificultar la concesión. Se trata de un riesgo un tanto grande, por lo que es normal que el banco tenga dudas: si el avalista tiene que ejercer su promesa y asimilar la deuda, su capacidad de pago y su solvencia se pueden ver afectadas a la hora de pagar su propio préstamo.

De ahí que no nos cansemos de insistir en la reflexión a la hora de aceptar ser avalista de otra persona: ¿qué proyectos futuros tengo? ¿Necesitaré pedir un préstamo dentro de poco? ¿Tendré suficiente solvencia si acabo aceptando la deuda? Antes de tomar la decisión es preferible dejarse aconsejar por profesionales y analizar nuestra propia situación.

Es posible que también surja la siguiente pregunta: ¿se puede ser avalista y pedir una hipoteca? Este tipo de préstamo es de los más comunes del mercado, y la parte positiva es que es posible llevar ambos gastos a la vez. Puede que haya algún problema a la hora de acordar la cantidad a conceder, pero sería más o menos viable si el banco tiene en cuenta tus gastos e ingresos. Si el aval que se ha firmado es bastante alto, es muy posible que la cantidad de dinero para tu propia hipoteca sea más baja. Por supuesto, si tu capacidad financiera es buena, lo más seguro es que no afecte.

¿Y si el avalado no paga?

Llegamos al final con uno de los supuestos que un avalista más puede temer: cuando hay que asumir parte de la deuda porque el avalado no ha podido con los pagos. La buena noticia es que podríamos reclamar ese mismo importe y el avalado tendría el deber de devolver al avalista el dinero (como titular del préstamo).

De todas formas, lo mejor es pensar muy bien a quién vamos a avalar y dejar un poco a un lado los sentimientos para analizar si la persona como tal es responsable, si entendemos que cumplirá con su promesa y si lo que necesitan es simplemente que les demos un voto de confianza. Si no, es posible que nos quedemos con una deuda que después no sepamos solucionar.

A no ser que contemos con un equipo de profesionales, como Saldados, que te ayuden a resolver una deuda que no te deja respirar. Nuestro despacho de abogados te acompañará en todo momento durante el proceso, para que puedas eliminar todas tus deudas de forma fácil, rápida y segura gracias a la Ley de Segunda Oportunidad.

Somos especialistas en Ley de Segunda Oportunidad y procedimientos concursales, además de contar con amplia experiencia en la materia. Si tienes alguna deuda y no sabes cómo salir de ella, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo para que podamos comenzar a analizar tu caso y a quitarte esa deuda de encima.

Escrito por:

cronuts

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